Enseñanza en entredicho
Fuente: Expansión 22.6.09
El sistema educativo español ostenta el dudoso honor de suspender sistemáticamente las evaluciones de calidad a las que está sometido a nivel internacional. El nivel de conocimientos del alumnado se encuentra a la cola de la OCDE, como lo ha revelado este organismo en varios informes emitidos en los últimos años.
Ésta es la consecuencia de un profuso encadenamiento de reformas educativas, en las que la paulatina renuncia a la exigencia y a la cultura del esfuerzo en favor de una equivocada condescendencia con el alumno ha llevado a una muy preocupante degradación de la calidad de la enseñanza en España. En este problema se ha juntado el hambre con las ganas de comer. Como acaba de poner de manifiesto el último informe de la OCDE, la actitud del profesorado de primaria y secundaria también deja mucho que desear. Insuficiente preparación de los docentes, impuntualidad, absentismo, desmotivación laboral, falta de incentivos en el desarrollo profesional y problemas de indisciplina de los alumnos. Estas son algunas de las alertas que lanza la OCDE sobre la situación actual del sistema educativo en España, sensiblemente por debajo de la media de las carencias observadas en los 23 países analizados. Todo ello ha derivado en que España, pese a considerarse la octava potencia del mundo, registra uno de los mayores índices de fracaso escolar entre los países desarrollados: un 30% de los jóvenes abandonan los estudios al acabar la secundaria.
La decepcionante respuesta de los dirigentes políticos ha sido perseguir un igualitarismo en la mediocridad y mejorar artificialmente las estadísticas por la vía rápida de bajar los niveles de exigencia. Un modelo de crecimiento de mayor valor añadido e innovación no se logra por decreto, o con gestos como regalar ordenadores a los escolares, como parece pretender el presidente Zapatero. Las crecientes necesidades de competitividad en un mundo cada vez más globalizado sólo son posibles a través de una enseñanza de calidad, desde la base hasta la universidad. Debería tomar nota el presidente de su admirado Obama, que ha centrado su plan de reforma educativa en la evidencia de que la prosperidad de las naciones depende de la formación y capacidades de sus ciudadanos a través de sus sistemas educativos, cuyo test de calidad se detecta en primer lugar por los niveles de exigencia. La solución está en abordar el fondo del problema, no en maquillarlo.
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